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Carnaval: miedos y disfraces

Tengo un amigo al que no le gusta el carnaval, y lo sigo queriendo. Antes, por estas fechas, le molestaba un poco insistiendo una y otra vez intentándolo convencer. Pero ya no. Tengo otro amigo que es el rey del Carnaval, en mayúsculas, y que este año además organiza el de nuestro pueblo. ¿Y sabes qué? Los quiero a los dos un montón.

Porque con el tiempo aprendemos a querer a cada uno como es, y vemos mucho más allá de si nos gusta una salir, leer, o charlar junto a la hoguera. Pero con nuestos hijos, a veces no es tan fácil, porque de un modo u otro, creemos que son el reflejo de nosotros, nuestos miedos, nuestros aprendizajes y que lo que ellos son es algo que nosotros hemos creado. Y en cierto modo, es así. En muchos casos han salido de nuestros vientres, dormido en nuestros brazos, y escuchado nuestros latidos desde que están aquí: pero eso no nos da derecho a pedirles que sean como a nosotros nos gustaría. Click para vídeo

El Carnaval saca a relucir nuestros miedos, nuestras inseguridades, y cada niño, como cada persona, los afronta como puede, quiere o sabe: algunos lo viven con humor, otros con delicadeza, otros con cietra cautela…¿o es que no va de eso el Carnaval? Hay tantos disfraces como personas, y hay muchos que no se van a disfrazar. Y si respetamos eso como adultos, lo mínimo, es ofrecerles ese respeto a nuestros pequeños. (Y aquí un apunte marca de la casa: portear en carnaval puede ser una opción genial si vemos que este año no está el horno para bollos, todavía agobian las multitudes y la sensación de desamparo crece estos días).

Espero que os haya gustado la reflexión que os dejo en el vídeo, y que este año viváis este Carnaval lo más tranquilo y agradablemente posible. Porque eso es lo que son las fiestas: un momento para compartir, crecer, o darnos espacio si nos hace falta. Recordemos que una fiesta tambien es una oportunidad para decir NO a las cosas que no nos gustan, o a hacer cosas sólo porque es lo que se espera de nosotros. Dejemos a nuestos hijos la libertad de ser lo que quieran ser.

Un abrazo, Anna

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