¿Cuándo empieza la maternidad? Supongo que pensamos, o yo pensé, que empieza cuando una parte de ti se siente preparada para ser madre. Un huequito de nuestro ser se va transformando, poco a poco, sin que nos demos cuenta, y se prepara para el gran momento: la bienvenida al mundo de nuestro bebé.

 

Si sois madres ya sabéis de que va, y si no lo sois, no os voy a desvelar el secreto. VAIS A FLIPAR. Así, en grande. En todo lo que pueda abarcar la expresión. Y si habéis tenido un embarazo de cuento, como el mío, os van a faltar horas, días y semanas para digerir todo lo que está pasando.

 

MiniB nació tan pequeño y tan dormidito, que hasta lo teníamos que despertar para comer. Si, de verdad. Lo despertaba. Hasta que un día, él DESPERTÓ. Ese ser minúsculo que sólo dormía, y comía, empezó a reclamar MAMÁ sin titubear. Y mamá era contacto, era calor, era brazos, y brazos, y más brazos. Era papá, pero sólo un rato porqué es mejor mamá. Era me duermo, pero si me dejas, me despierto porque lo que quiero, donde me siento bien, donde puedo crecer en paz y tranquilo, es con mamá.

 

Y yo, abrumada y sorprendida a partes iguales (¿por qué los bebés que yo conocía no eran así? ¡ese bebé no es como los que salen en las pelis!) empecé a buscar respuestas. Muchas de ellas, no eran las que yo quería oír. Porque yo esperaba algo como un remedio milagroso que convirtiera a mi pequeño bebé normal en un bebé de anuncio de Dodot. Pero la realidad, otra vez, me puso en mi lugar, que no es más que ACEPTAR y APRENDER. Leí, leí y leí, me informé, lloré y busqué. Y de repente, sin más, me acordé de un regalo llegado de México: una bandolera de anillas. Debajo de miles de peluches, pañales, hamacas, móviles y libros infantiles, asomaba la bandolera esperando su momento triunfal: Y LLEGÓ.

Empecé a portear y, VI LA LUZ. No pue algo premeditado, decidido ni racional. Simplemente sucedió. Mi bebé ahí si estaba bien. Ahí estaba relajado, tranquilo. No necesitaba llorar ni reclamarme porque mi olor, y el de su papá, nuestro calor, siempre lo acompañaba. Ya no se sentía extraño, incómodo, ni pequeño. Se sentía arrullado, protegido: EN PAZ.

Y esa ansiada paz, llegó a nuestro hogar. Los atardeceres cada vez fueron más dulces, más calmados. El Sol se iba y nosotros ya no teníamos miedo a que llegara la noche (también tengo para posts de noche con el extractor a toda potencia, SÍ). De día, podíamos hacer y deshacer sin malestar, ni llantos, ni esa continua sensación (incómoda) de saber que tu bebé te necesita casi hasta para respirar.

 

Y así, sin pensarlo, sin quererlo, sin saberlo, empezamos a portear. Empezó lo que hoy es UP WE GO. Empezó lo que espero que para muchas familias sea una ventana a felicidad.

 

¿Cómo fueron vuestros primeros días? También fueron, cómo decirlo, ¿complejos?

Anna

 

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